Pásale, aquí están mis memorias…

Pasa, te voy a dejar entrar en mis pensamientos pero, ¡ten cuidado!, no me muevas ninguno que me puedes deshacer la historia. Venga pues, ahora no queda más que contártela, ¿verdad?, pues sí, ya hasta te sentaste, bueno, no queda más que desembuchar.desarrollo-rural

Me cuesta un poco de trabajo pues es algo que me he guardado durante mucho tiempo, pero, es que cuando se es mujer, una prefiere en ocasiones mejor guardarse todo, porque vaya que esta condición femenina es llevadera y maravillosa, pero en ocasiones difícil de vivir, eso sí, ya he aprendido a disfrutarla. Sí, sí, perdóname por desviarme del tema, bueno, lo que me paso es algo común, si me lo he guardado es porque no quiero que me tomen por  tonta, ingenua o enamoradiza; pero, oye, ¿si me estas escuchando verdad?… a bueno porque a mí no me gusta eso de hablar sin que me vean a los ojos, siento que no me están prestando atención, mira sabes que, mejor vienes mañana y te lo cuento, ya que no estés tan distraído…vale está bien pues, nomás porque te disculpaste y porque insistes, entonces te decía que lo que me pasó es casi una tontería, que ¿por qué una tontería dices?, pues fácil, porque me enamore de un hombre.

Así es hijo, me enamore de uno de los cabrones pertenecientes a tu género, ¿qué dices?… a no, claro que no todos son iguales, yo no dije eso, yo nomás dije que me enamore de uno de los cabrones del sexo masculino, no que todos los del sexo masculino eran cabrones, no te confundas ¡y no andes poniendo palabras en mi boca, que ya no te voy a contar nada!

Noooombre, si yo sí que te puedo decir de qué color son la luna y las estrellas de tantas veces que las bajo para mí, es más, creo que hasta conozco la estructura perfecta de casi todas las flores, de tanto jarrón que llenaba con las flores que él me traía; yo era bien feliz, siempre andaba con mi sonrisota, de esas que te hacen poner cara de sonsa enamorada. Pero ahí es cuando una es pendeja, de verás que si, a ver dime tú, de que sirve que nos hayan puesto el chingado sexto sentido a las mujeres, si de todas maneras ahí lo andamos ignorando con frases como “es que él va a cambiar porque me ama”, “no, si ya me dijo que no lo iba a volver a hacer”, lo peor es cuando una se vuela por andar creyendo que sus celos son “por amor”, te digo, si la naturaleza no se equivoca, la que se equivoca es una por no escucharla, y después, ahí andamos llorando en los rincones y lamentándonos.

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Pero bueno, ya después no queda más que reconocer que de los errores se aprende, lo malo son mis  compañeras de género que hasta parece que van y buscan la misma piedra para volverse a tropezar.

Así fue, yo lloré mucho, imagínate, por un año completito, le creí que era la única y ya después mi sexto sentido hablaba y hablaba conmigo, pero como yo estaba sorda de enamoramiento, pues lo mandaba callar, lo bueno es que no me case y ni embarazada quede si no, ¡imagínate!, al menos una parte de mi cerebro se mantuvo firme, sino ¡tremenda catástrofe! Pero así mero, viví los 17, 18, 19, 20, 21 y los 22 años completitos, enteritos, en torno a él, toda esa juventud se la bebió como aguamiel el canijo, pero que te puedo decir, eso de crecer con historias chuecas de príncipes azules no le dejan a una nada bueno, y luego te digo lo peor… pues que era más grande que yo por 7 años, y no digo que este mal estar con alguien más grande, y tampoco digo que está mal enamorarse tan joven; lo que está mal es andarse engañando, pretendiendo que lo que se está viviendo es una “verdadera historia de amor” y no un pinche martirio innecesario.

Para no hacerte el cuento más largo, el cabrón andaba con otras tres aparte de mí, pero lo que más me da pena de haberte dejado pasar, es que ahora te vas a enterar y les vas a decir a todos, que hasta me atreví a mandarle un e-mail a una diciéndole algo así como la Paulina Rubio “mío ese hombre es mío”, ahorita me acuerdo y me da risa, pero también me da mucha pena, imagínate una mujer como yo haciendo esas cosas, pero para que veas nadie está exento, no señor.. ¿Qué dices? ¿Qué cómo mande un correo en esa época?, pues luego tu qué crees que eso paso hace 50 años, jajaja, si eso es lo malo, que esas cosas de andarse inventando ridículas historias de “amor”, se repiten, te digo, que por eso una es pendeja, porque no aprende del pasado de otros, ahí quiere andar uno experimentando.

Pero como te dije, lo bueno es que conmigo nomás, quedó en un corazón roto al que luego le trajeron cinta para repararlo, lo malo es que historias peores que la mía hay para aventar como confeti, por eso me ando animando a mostrarte mis recuerdos, para que vayas con las jovencitas y les digas que se fijen, que tengan cuidado, porque las ideas son peligrosas, y más cuando una ahí las anda alimentando, o anda esperando que lo que  una cree que es cierto así sea, igual y yo, como te dije, no me embarace y tampoco me case, pero vaya que sí que jugó con mi mente bien y bonito, me decía que estaba loca, que nomás me inventaba historias, que lo iba a cansar con mi histeria y que me iba a dejar para que tuviera verdaderos motivos para andar llorando, pero todo porque se lo permití, si yo ya sabía, por eso ahorita no escucho a otra cosa más que a mi conciencia. Bueno, ya te dije mucho, así que anda y cuéntales a todas para que se cuiden, y si por ahí te encuentras alguna que ya se haya equivocado, dile que se levante, que se sacuda el polvo y que siga, a los muchachos diles, para que se porten bien con las muchachas. ¿Qué cómo me llamo?, para que quieres saber, si puedo ser tu madre, tu hermana, tu tía, tu prima, tu vecina, tu conocida, el amor de tu vida, en fin, cualquier mujer que forma parte de tu vida, pero tú también ten cuidado mijo, porque también hay cabronas abusonas, nada más escucha a tu conciencia y no caerás en falsas historias de amor.mujer-caminando

Me voy

Disfruta el cuento, esta vez, es para pasar el rato y porqué no escribir uno, bella tarde!!!

Era regordeta, de faldas largas y blusas con flores pintadas a mano tan grandes como ella. Sus ojos eran dos grandes y redondos soles negros, su sonrisa brillaba por los cuatro dientes delanteros color plata que le habían tenido que colocar a los 20 años.

Le gustaba vender de todo, flores, aves, frutas, verduras y hasta calzones usados. Todos los días colocaba en la acera el mantel azul con rosas rojas y encima de él la mercancía del día. Cuándo vendía verdura, detenía a las amas de casa y les hablaba de lo feas que tenían las uñas y de lo beneficioso que sería comprar las zanahorias que ella tenía, ya que la zanahoria era buenísima para repararlas, o cuando veía mujeres embarazadas corría para hablarles de como la calidad de la leche materna mejoraba por sus grandes y jugosas zanahorias. Cuando vendía aves les gritaba a los hombres que los patos les darían muchos huevos para alimentar a su familia, a los dueños de cosechas les hablaba de lo magnifico que era que los patos se comieran a las babosas e insectos que vivían en sus casas y que dañaban la siembra, y así ninguna persona se salvaba de los consejos de Toña, la gritona del mantel con flores, la gordita fastidiosa que todos evitaban.

Tratar de evadir a Toña era imposible, había que pasar por la calle y sus gritos para poder ir por la leche, los quesos, las carnes, los pollos y las especias. El día de la venta de calzones usados era el peor para todos, Toña se la pasaba gritando las historias de cada uno de los dueños anteriores ¡Éste es el calzón de la noche de bodas de Gertrudis, cien por ciento algodón, usado una sola vez, sin olores!, ¡Éste es el calzón de Antonio, el que uso cuando engaño a su mujer Patricia con Sara, es de lino y también nomás se lo puso una vez, sin olor y de marca!, Toña gritaba aun si Patricia o Gertrudis andaban por ahí haciendo las compras, pero la gente del pueblo vendía sus calzones a la gordita porque pagaba bien por ellos.

Una tarde mientras Toña se disponía a recoger la mercancía y el mantel azul con las flores rojas, se encontró un botón grande y brillante, rápidamente Toña lo guardo entre el busto y se fue a su casa, ese tarde camino tan rápido que no se fijo cuando chocó con una muchacha ciega a la que casi tira por la banqueta, tampoco escuchó al perico verde que le paso volando por a un lado de la oreja, lo único que quería era llegar a casa y sacar el diamante que estaba dentro del botón.

Al llegar a casa, Toña dejo el bulto sobre la mesa, y en la cocina saco su cuchillo con más filo, después de muchos intentos consiguió lo que quería, un diamante grande y gordo como ella relucía en sus manos. A la mañana siguiente, se dirigió con el joyero del pueblo y le vendió el diamante, eran muchos los billetes en las manos de Toña.

La mujer en un solo trapo guardo sus pertenencias, le hizo un nudo fuerte y regreso a su calle de siempre gritando que se iba, que la ciudad la esperaba. Mientras sus pasos avanzaban, las personas la miraban marcharse. El pueblo se quedo en un silencio absoluto, era como si el color y la vida se los hubiera llevado Toña entre sus trapos.

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Zeñorita Champiñon

¡Pos me saco los ojos! (cuento)

La violencia contra las mujeres, genera que muchas de ellas atribuyan la culpa a su belleza física, a sí mismas. Vivir con miedo no es opción, las mujeres merecemos vivir tranquilas y sabiendo que nuestra integridad está asegurada.

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El cabello de Ana le llegaba al trasero, con cada paso de la joven de ojos azules y labios rosas, el cabello negro y lacio se ondeaba de lado a lado, cortando los rayos vespertinos del sol. Los vestidos hasta el suelo y de cuello redondo, no eran el motivo que volvía locos a los jóvenes del pueblo sino la piel color canela brillante de la muchacha, ninguna mujer de Aicnarf el pueblo de Ana tenía la piel así.

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Ana se mostraba fiera, aunque por dentro muriera de miedo por las miradas de los muchachos. En ocasiones en casa no podía dormir temía que alguien estuviera asomado por la venta viéndola como cual hambriento a un pedazo de res. Cuando se bañaba, su madre y su hermana debían estar a sus alrededores, no fuera a ser que un morboso se metería a la casa, entrara al cuarto de baño y la viera desnuda. Pero vaya que le gustaba caminar sola, caminar sola no le molestaba siempre y cuando no pasaran de las cinco de la tarde, ella sentía que el sol la protegía y que los peligros solo ocurrían de noche.

Una tarde mientras regresaba de los mandados que su madre le había pedido, unos jóvenes corrieron tras ellla. Asustada Ana maldijo al sol por no defenderla y tiro la canasta con todo lo que había comprado. Cuando llego a casa, no había nadie, y maldijo a la tarde por haberla dejado sola e indefensa, cuando un perico verde se posaba en su ventana cantando fuertemente.

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Mientras lloraba recostada en su cama se sentó, tomó unas tijeras de la mesita de noche y comenzó por su cabello, los cortes eran desesperados, varias veces se salvó de no rajarse el cráneo; pero seguía siendo bella, los grandes y redondos ojos azules reflejados en el espejo le gritaban y se burlaban de lo bella que era, de lo acosada que sería para siempre y así en dos golpes Ana sacó los ojos de sus cuencas; en el espejo una sonrisa grande se reflejaba  y la paz y la tranquilidad brillaron en su rostro.

Zeñorita Champiñon

Mejor ya no (cuento)

Paynal era un chico bastante distraído, siempre creyó que su madre había sido ultrajada por algún dios griego y pensaba que seguramente dentro de su ser corría sangre aún más valiosa que la sangre azul de la realeza. Alrededor de su casa, había grandes árboles de cedro y la mayor parte de los días el sol no mostraba sus rayos, eso era motivo para que Paynal imaginara que las gruesas nubes se debían a que los dioses no querían verlo volar.

El día que casi vuela, Paynal le explicó a su madre que el árbol del que saltó tenía un exceso de gravedad cosa que lo había hecho fallar en el intento. Esa noche del salto fallido la luna se encontraba radiante y debajo de la rodilla izquierda del muchacho la sangre le corría a chorros pero tenía algo particular, no era roja, por el contrario lucía metálica, con ello Paynal se convenció de que su sangre era especial, incluso al probarla un extraño sabor a hierro se quedó jugando en su paladar.

Después de esa noche Amelia, la madre del chico, lo vigilaba constantemente. Incluso tuvo que vender los patos, las gallinas, las codornices y hasta al pobre de Cirilo, el pequeño perico verde de Paynal, porque a todos les quería cortar las alas para empezar a construir las suyas.

Amelia descubrió las intenciones de su hijo una tarde que había decidido ir a hacer las compras. Ese día las nubes estaban cargadas de agua, pero aún sabiendo que la tormenta podía aparecer en cualquier momento Amelia decidió dejar a su hijo por unas horas para partir por las cosas para la cena; a un pie del auto, el agua cayó a cantaros  sobre ella así que decidió regresar a casa y preparar un recalentado. Al abrir la puerta descubrió que Paynal ya no se encontraba en la sala haciendo los deberes de la escuela, lo buscó por toda la casa, hasta que escuchó el sonido de un martillo y los chillidos de auxilio de Cirilo. Bajó rápidamente al sótano y descubrió que su hijo tenía al pájaro amarrado a la mesa e intentaba clavarle las alas para después cortarlas. Paynal lloró para disculparse y prometió no volverlo a hacer, pero después de haberse disculpado tres veces más, Amelia terminó vendiendo todas las aves del hogar. El colmo fue cuando llegó esa noche en la que Paynal había decidido volar, saltando del árbol.

Una tarde Paynal regresaba de la escuela, en cada esquina corría tan rápido como podía mientras estiraba los brazos e impulsaba su cuerpo hacia delante. Después de siete intentos, decidió darse por vencido, y alentó los pasos. Con la cabeza agachada y las manos sosteniendo los tirantes de la mochila siguió su camino bajo la lluvia que no lo habría alcanzado a menos de que hubiese continuado corriendo. Los truenos comenzaron a generar luces intermitentes en el cielo, aún con el estruendo del ruido Paynal siguió a paso lento su camino. Al pasar por el puente que se encontraba a unos minutos de su casa, un rayo brillante se impactó a un costado de Paynal el ruido fue tal, que el chico chillo tres veces más fuerte que Cirilo cuando estaba amarrado en el sótano. Cuando pudo mantener la cordura corrió tan rápido a casa que no se percató de que las cintas de los zapatos se habían desamarrado, las zancadas eran cada vez más aceleradas, su cuerpo se agitaba y un frío inexplicable le corría por todo el cuerpo, de pronto, una piedra se encontraba en su camino, tremenda roca le llegaba a las rodillas. La velocidad era tanta que temía no tener el tiempo suficiente para saltar, a centímetros de la piedra cerró los ojos y pego un brinco que a cualquiera lo hubiese hecho chocar contra el objeto y dejarlo inconsciente, pero Paynal, ya se encontraba bastante lejos de la piedra y ahora sobrevolaba su casa, su madre atónita, solo extendió la mano para saludarlo, mientras mantenía la boca abierta y los ojos fuera de órbita mirando hacia el cielo.5368861585_9efa4ab3ee_b

Fue la primera vez en toda su vida que Paynal había amado a la gravedad, desesperado intentó regresar hacia los brazos de su madre, pero las alas que habían salido de sus pies, parecían conocer las coordenadas de su destino, entre las nubes Paynal había desaparecido.

Zeñorita Champiñon